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Adva Yoga: Tema del Mes de Junio- El Cuerpo, Fiel Mensajero del Alma

El Cuerpo, Fiel Mensajero del Alma

Con sus complejos sistemas y operaciones, el cuerpo presenta una inteligencia y compasión infinitas, pues nos proporciona siempre los medios necesarios para comprendernos más a nosotros mismos…

Debbie Shapiro,  Cuerpo Mente – La Conexión Curativa

 

 

Hemos dicho varias veces que nuestro ser es como una cebolla. A grandes rasgos -y de nivel burdo a sutil-, el cuerpo físico se conecta con la respiración, ésta con el cuerpo energético, y éste con las emociones, para llevarnos a los pensamientos, que dejan impresiones mentales que dictan la experiencia de nuestra realidad. En pocas palabras, puedes afectar a tu cuerpo con tu mente, y a tu mente con tu cuerpo. Los yoguis siempre han estado muy interesados en esta conexión, y combinan métodos internos y métodos externos para poder efectuar un cambio más profundo y efectivo en estas diferentes capas y poder elevar su nivel de conciencia.

 

Los estímulos que vamos recibiendo todo el día, dependiendo del peso que tengan, van dejando una huella en nosotros. Por ejemplo, si viste un coche blanco en la mañana, quizás sea de poca relevancia y entonces la mente lo deja en el inconsciente, que es la parte de nosotros mismos que no vemos. Nosotros juramos que somos conscientes de lo que hacemos, pero por mucho todo lo que reside en el inconsciente es responsable de la forma en la que nos relacionamos con nuestro entorno. Cuando viene un golpe muy duro (tristeza, miedo, pérdida, etc.) y la mente ve que no puede lidiar con esa situación en ese momento, lo manda al inconsciente y lo bloquea. Si esa emoción se queda bloqueada, con el tiempo empezará a afectar a estas capas de las que ya habíamos hablado. La que le sigue ahora yendo hacia afuera, es la energética: tenemos una red de canales energéticos (nadis) y centros energéticos (chakras) que están relacionados a ciertos aspectos de nuestra personalidad y nuestro cuerpo físico. Cuando la emoción se queda bloqueada, con el tiempo el chakra en cuestión se bloquea, deja de suministrar energía a la parte del cuerpo a la que esté asociada, y tiempo después surge un dolor o una enfermedad. Es el último recurso que tiene nuestra alma para decirnos: ¡escúchame, hay un tema que atender!

 

Hemos aprendido que la enfermedad es algo malo. Una enfermedad nos conecta con el dolor y nos hace sentirlo, que es lo que evitamos sentir en primera instancia. Quizás en ese momento fue la estrategia de supervivencia más apropiada, pero necesitamos descargar ese dolor, de preferencia antes de que se somatice. Para que ese dolor y sus consecuencias en nuestro ser se sanen, se tiene que vivir en conciencia. Si lo dejamos pasar y lo olvidamos, ya el cuerpo se encargará de recordarnos. Ocurre también que cuando abrimos un proceso terapéutico de introspección, y empezamos a liberar estas emociones y energías, es común que el cuerpo tenga una crisis depurativa.

 

Afortunadamente cada día se recupera y se aprende más sobre la visión holística de las enfermedades, se acortan las brechas entre las diferentes posturas y creencias. Las enfermedades nos aportan mucha información valiosa sobre nuestro proceso de crecimiento. Tristemente en la mayoría de los casos corremos a tomar algo para bloquear el dolor, e inmediatamente dejar de sentir. ¿Estoy diciendo que no es bueno tomar medicinas? No. Lo que quiero decir es que con cada dolor o enfermedad que tengamos, tomemos un momento para sentir lo que el cuerpo nos está diciendo. Todo tiene un significado y una correlación, y es fascinante estudiar las correlaciones que muchas personas y tradiciones establecen entre las afectaciones físicas y su correspondencia emocional. Por ejemplo, nuestro lado derecho tiene que ver con nuestro padre, la relación con lo masculino, el pensar, razonar, controlar, y emociones como el enojo, rabia, violencia, agresión. El lado izquierdo tiene que ver con nuestra madre, la relación con lo femenino, el sentir, abrazar, y emociones como el miedo, la tristeza y la pasividad.

 

El área del cuerpo y el órgano en cuestión nos brindan mayor información. Sólo detente a ver qué hace la parte de tu cuerpo. Si se trata de una rodilla por ejemplo… ¿Qué es? La rodilla es una articulación, que permite flexibilidad. ¿En qué soy muy rígido(a)? Con una rodilla también puedo dar un paso ¿en qué me atoro?, o puedo hincarme ¿podría ser más humilde? El hígado por ejemplo, está relacionado con el enojo, los pulmones con la tristeza. Actualmente hay mucha información que nos permite adentrarnos en estas conexiones.

 

Dijimos ya que para que algo se sane, se tiene que vivir el dolor en consciencia. Saber de dónde provino y cuáles fueron las causas, para liberar lo que se quedó guardado (enojo, tristeza, pena, dolor, etc.) y dar lugar a que esa energía salga y se depure, y amorosamente se cierre el círculo y se sane la herida. La vida es muy prudente y primero manda los mensajes con un guiño de ojos. Pocos pueden leer ese mensaje. Después nos hace una seña con la mano y nos dice por nuestro nombre. Seguimos sin prestar atención. Después nos grita enérgicamente. Quizás oigamos, dependiendo de lo tercos que seamos. Finalmente nos da una bofetada, ¡para ver si entendemos lo que nos quiere decir! Tenemos también tan aprendida la falsa idea de que para crecer, hay que sufrir. Y volvemos entonces a la conciencia, que es la clave de todo. Si logramos obtener el mensaje con el guiño de ojos, entonces “aprendemos en bonito”. Sí, hay dolor  involucrado, pero las circunstancias son mucho más placenteras. Y eso es lo que queremos lograr.  

 

Todos los que practicamos ásanas tenemos una herramienta invaluable para conocer y conectar con nuestro cuerpo. Las terapias holísticas tratan sobre todo de hacer un trabajo preventivo, para evitar los golpes y las sacudidas fuertes, tratando de vivir en equilibrio. La medicina moderna es muy efectiva cuando ya es demasiado tarde… dudo que la imposición de manos cure una apendicitis aguda de emergencia. Pero aun así, la oportunidad de aprendizaje está disponible en ambos casos. Nuestro cuerpo es nuestro disco duro de todas las emociones vividas. Ese es el que te tocó, y todo tiene una razón de ser así. Aprendamos a valorarlo, cuidarlo y entenderlo. Obsérvate desnudo(a) en un espejo, sin juicios. Quiérete, valórate, ahí radica mucho del aspecto de tu cuerpo, y cómo lo percibas tú. Tenemos también tanto bombardeo constante de la forma en la que nuestro cuerpo debería ser, y eso nos crea mucho estrés, auto exigencia e inconformidad.

 

Volviendo a las ásanas, observa qué posturas son fáciles para ti, cuáles son difíciles, qué trabaja esa postura: flexión al frente… ¿puedo ser más humilde?, rigidez… ¿puedo ser más flexible? demasiada flexibilidad ¿necesito contención y límites? Todos tenemos algo que aprender en esta práctica. Depende de nosotros para qué nos paremos en el tapete: a sudar y revisar la lista del supermercado o los pendientes del día, o a conocernos cada vez más a nosotros mismos. No compares tu cuerpo ni tu práctica con la de otros, enfócate en ti y en aprender lo que tu cuerpo te enseña ese día. Cada clase de ásana es una vida en miniatura: hay momentos difíciles, fáciles, gente que te cae bien, gente que no tanto, puede surgir enojo, tristeza, alegría, etc. Al presentarse en un entorno en el que hay menos distracciones de lo habitual (al menos el trabajo, la casa, el whatsapp, la pareja y demás cosas se quedaron fuera del salón), incrementa la probabilidad de identificar las emociones que surgen en estas situaciones, y aprender cómo es que lidiamos con ellas. Pues todo lo que la mente está acostumbrada a hacer fuera del tapete, lo hará dentro de él.

 

Tomemos un momento para celebrar y llenar de gratitud a nuestro cuerpo. Nos lleva a donde queremos, nos permite actuar, y en esta encarnación es un templo valioso que nos permite trabajar nuestros asuntos de alma que han quedado irresueltos. ¡Es un cuerpo muy codiciado en el universo! Hagamos un verdadero esfuerzo para cuidarlo, alimentarlo adecuadamente, ejercitarlo, aceptarlo y no tratar de modificarlo para cumplir los estándares de otros, sino los que te permitan a ti estar cómodo(a) y contento(a).  Valoremos nuestro cuerpo y mientras lo tengamos prestado (un día lo vamos a tener que cuidar, así que no hay que apegarse erróneamente a él) verlo como ese fiel mensajero que nos mantiene en línea para seguir trabajando en el proceso de ascensión de conciencia.

 

 

 

 

Rafael Cervantes, junio 2017


 
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